"No dudo que usted viva con muchas personas en ese sitio dado que tiene 3 tendederos que dan a mi fachada pero creo que con una lavaseca podríamos ayudar al secado inmediato de la ropa y ahorrarnos ese problema. Tal vez pueda hablar con el dueño y decirle que compre una para el departamento y entonces todo regrese a la normalidad. Por lo del inquilino del primer piso, que aún no conozco, es necesario pedirle cortinas, ya lo haré yo."
Todo esto obedece también a la poca paciencia de acercarme a dar la bienvenida a cualquier vecino que ingresa, teniendo como escusa las malas experiencias del pasado con unos provincianos salseros o unos argentinos que no pagaban nada en el tema de mantenimiento, limpieza o jardinería. Al parecer, me he vuelto uno de esos hombres que se quejan de tratar de vivir de la mejor manera posible en el espacio que ocupan; no estoy seguro si es que la edad va avanzando y me vuelvo un poco más incómodo ante la idea del prospecto de vecino que pueda tener. Algunos dirían que el progreso ha llegado a la urbe, y sí, llegó pero en el camino se le cayó, tal vez, un poco del respeto al vecino y les dió flojera recogerlo. De nada sirve tener un carro último modelo si dentro de él tienes a uno de esos perritos que mueven la cabeza cada vez que pones primera.
Me pregunto si es aquella falta de interés o conexión con el propio vecino, que ahora abunda en cada caso, la que nos limita a indagar sobre las costumbres (buenas o malas) que tiene la persona que viene a vivir en un vecindario o condominio. Hasta que eso no esté esclarecido basta con tomar un poco de agua de azahar y enfocarse en cualquier otra cosa porque como dice la canción de un comediante: "Nada de eso importa porque, ya sabes, pronto estarás muerto." Je. A relajar un poco el cuerpo que todavía quedan varias olas que remar. Con una vista de locos desde mi fachada. Resignación...aunque a mi espíritu de pelea no le guste el significado de esa palabra.
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