martes, 23 de febrero de 2016

Biblioteca

Algunos libros habitan aquella vieja repisa que me han regalado hace poco. Dickens acaba de terminar de contarme sobre su “Almacén de Antiguedades”. Acaso una de las historias más tristes que he leído en muchos años. Lo acompañan, Poe, Carroll, Dumas, Verne y Wilde. Todos buenos en su rubro, creativos, excepcionales y siempre rompiendo las barreras de lo convencional en un mundo que los acogió de distinta manera mientras vivían pero en el que dejan un legado formidable. Conforme pasa el tiempo y comprendo que la vida no es suficientemente larga como para leer todo lo que uno quisiera, me hago la idea de que cada libro elegido tiene que ser importante. Sobre todo cuando no hay libro que deje a la mitad por más malo que sea. He entendido ya por dónde caminan mis gustos en particular y sólo me desenvuelvo en ellos por el momento, dándole cabido a autores que ahora comprendo como favoritos. Sólo salto a la piscina cuando el libro es recomendado por alguien que comparte los mismos gustos y estilos ya que más de una vez he salido perdiendo tiempo con obras que no me dicen nada y que son, a mí parecer, agua de otra fuente (Coellho, Dyer y cía).
Así, un pequeño mueble se levanta para convertirse en un gran potencial de historias que se viven con un café, regla, lápiz, post-it y demás artículos que hacen el viaje más placentero. No es mucho lo que he leído pero lo poco que ha caído en mis manos, la mayoría de veces, ha enriquecido a esa manera tan particular de ver el mundo. Grandes autores, grandes movimientos y preguntas que siempre quedan sin responder, a manera de filosofar, tal vez por años, sobre algún tema que queda en el tintero.
¿Televisor? ¿Para qué? Dios mío, hay tanto que aprender de Kafka, Tolstoi y Dostoievsky. Y cada vez que me acerco a esa pequeña biblioteca llena de apuntes y aventuras aún por leer me doy cuenta que el único asesino que se esconde tras la luz de la lámpara es el tiempo, porque ni el sueño te gana y hasta a la cama llevas aquél libro que te arrullará con palabras que conforman ideas e historias. Lecturas más light, como Brown, King, Koontz, y Larsson reciben un estante pero lejos de este mueble y nunca se presentan en tapa dura. Muchos libros han sido leído y luego han mutado a una mejor versión (Umberto Eco) y viceversa (Mario Vargas).
Al final, este mundo lleno de letras depende de la susceptibilidad del lector y los gustos se van refinando mientras más se consuma, se lea, se investigue y se forme una opinión propia de lo leído. Y en cualquier historia leída el personaje principal siempre termina siendo el lector sin que muchas veces lo sepa.

Y ahora, cuéntame. Qué estás leyendo tú actualmente?

miércoles, 3 de febrero de 2016

Qué difícil.

Qué difícil fue sacarte una sonrisa! Conecté el Blu-ray, compré pop corn, pagué el cable y netflix (de paso un televisor Smart donde ponía tu foto de salvapantalla) pero tú no reías. Te conté mil historias que aún guardo solo para tí y puse a calentar un par de sueños en nuestra tostadora favorita pero…qué difícil fue sacarte una sonrisa.
Añadí  7 archivos nuevos a dropbox, tuve 7 mensajes en whatsapp de quién sabe quién, llamé por viber pero no contestabas, te agregué en facebook, cancelé las deudas por internet, compré la comida más cara para el perro y lo saqué a pasear todas las mañanas. Compré el periódico diariamente porque siempre lo requerías, agua de bidón cristalina, llegaba del trabajo a cantarte con la guitarra, puse un buen sistema de alarmas contra robo y dos puertas cortafuego, adquirí la casa más bonita para ti, muy grande para que puedas acondicionarla como quisieras. Llené de gasolina el carro y me fui a comprar flores al lugar en donde te ví por primera vez, cargué bolsas llenas de la comida que más te gusta y cuando regresé te escuché llorar.
Me senté al lado tuyo, te enseñé todo lo que había hecho y cuando te pregunté cómo te había ido en el día, sólo me miraste y no me respondiste. Me diste la espalda y te pusiste a llorar nuevamente.
Lo entendí.
Hora de abrir la jaula.

Viste la oportunidad, desplegaste las alas y te fuiste sin despedirte y nunca miraste atrás. Entendí el mensaje la primera, única y última vez que te ví desaparecer en el horizonte.

*todos los derechos reservados al autor. imagen: gettyimages 2015.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Vino y Esmalte


No te perdono. No te perdono el haberme dejado mientras trato de construir una vida ajena a lo que pudo ser nuestra vida. Nada es tan intenso, nada se lleva al límite y no hay una pasión real por lo que quiero vivir o hacer. Todo se traduce a un comportamiento mediocre, a alguien que no quiero ser pero que sonríe de vez en cuando (menos en fotografías, ya sabes cómo es eso) y todo se aregla con un ok, lo veo luego. Y sé que la culpa no es toda tuya, mucha de ella recae en mí; mi hostilidad, mis ganas de tener sexo todo el día, todos los días, mi desenfreno por ver qué más hay aparte de esto que respiro, mi falta de conformidad en una vida conformista.

Trato de reinventarme cada día pero acaso eso se puede hacer realmente? Pasa la mañana, la tarde, el día y me escondo en lugares en donde no pueden preguntarme que estoy haciendo, que vivo, que siento. Rechazo la propuesta desinteresada e íntegra de quien se presente para no tener que dar explicaciones del por qué de mi ausencia. Me esfumo. Así, sin más. Porque sé que en mi ausencia puedo recordarte a escondidas y es reconfortante pensar en todo lo que hicimos alguna vez juntos.

Mi caja de aspiraciones siempre está en neutro. Ya no rebusco en ella pensando encontrar aquella motivación importante, ni encuentro los colores tan íntimos que alguna vez me regalaste. La razón es obvia. Para mí. No sé si en este punto lo sea para tí. Celebro el día que tengo que celebrar, ya no me salgo del calendario trazado porque la motivación me elude y si esto es lo que llaman depresión, pues estoy tan sumido en ella que me siento completamente entumecido, perdido en mil pensamientos que no me llevan a nada. Esta es mi vida.

Quiero contarte bastante. Por un rato. Hablar de verdad. Sentarme. Conversar. Escucharte. Mirar cómo tomas agua y luego te ríes. No es mucho, la verdad. Pero es todo para mí. Además nunca encontré a alguien que cada vez que nos poníamos a conversar apagara el celular y no lo lleve a la cama. Qué cosa más extraordinaria ésa. Conversar cara a cara, de lado, mientras te vas durmiendo y me pides que te abrace. Qué cosa más extraordinaria…

No tengo fotografías, ni recuerdo la fecha en que nos vimos la primera vez porque yo y las fechas nunca hemos sido amigos. No recuerdo si tu cumpleaños es el 18 o 19 de tal mes…pero sí recuerdo tu olor, el impacto de tu “hola” y tus ganas de bailar. Rompí mi promesa de no tomar y esa noche tomé de más pero sabía que quería estar contigo. Me entusiasmé desde la primera noche y al siguiente día tomamos desayuno juntos. Te dije que te llamaría, me diste el teléfono y listo, chau. Te llamé por la tarde. En la noche nos fuimos a ver una película y luego a comer. Te dejé en la puerta de tu casa y me la cerraste en la cara. Cuando me iba, escuché que te reías por detrás del cerrojo. Abriste la puerta y me dijiste que te llame mañana. Luego la cerraste de nuevo y yo me fui riéndome un poco también.

Me acuerdo de ese color de uñas que te ponías, yo lo odiaba, me parecía que no te quedaba bien así que un día entré al baño y vi la marca: fui a comprar las misma marca pero de otro color y cuando te la regalé me dijiste que odiabas el color que yo había elegido y que no lo usarías nunca. Yo me quedé perplejo y luego hablaste de cualquier otra cosa y no recuerdo bien que hicimos pero ví como me mirabas de reojo y sentía que reías bajito.

Al siguiente día me recibste en tu casa desnuda y sólo con el esmalte de uñas puesto. Un dije, unos aretes. Nada más. Me preguntaste si me gustaba el esmalte que te había regalado más que el otro y te dije que sí. Te echaste en la poltrona y me abrazaste luego de un “gracias” al oído.

¿Lo recuerdo bien? ¿Fue así, no? ¿Cómo no me iba a enamorar?

Te acuerdas que cuando me preguntaste si me gustaba Dostoievsky yo me entusiasmé y te dije “Sí! Claro!” y luego me dijiste que te parecía el escritor más aburrido del mundo?  que 2000 páginas para saber que un cojudo no puede vivir con el asesinato que había cometido te parecía una pérdida absoluta de tiempo. Y cuando yo traté de explicar mi punto de vista me dijiste “cállate” y me diste un largo beso? Odio a Dostoievsky.

Y no era que eras la primera experiencia ni mucho menos…pero que bestia. Sí, la mejor. Todo tenías que hacerlo con gracia, la gente que nos vendía el pan te miraba con cariño, la señora del periódico siempre lo dejaba con tu nombre en el mismo lugar para que lo recojas en la mañana y no leas más que la sección de arte, ocio y cultura porque la política es una mierda en tu libro y el periódico muy largo…

Así que pasé un año excelente. Viajamos, conversamos de Goethé, Rembrandt, Rosseau. Del arte de la buena mesa;  la sofisticación de un pequeño plato (que según tú se come con todos los sentidos) mientras yo me deleitaba comiendo el bendito plato con una sola cucharada y tú me mirabas molesta, luego me castigabas sin vino. Ni sexo. Vaya largas noches cuando te molestabas…

Un buen día quisiste irte. Cuando pregunté por qué, ya habías volado. Nunca me lo explicaste. Sabías que así te ibas a hacer inmortal en mi memoria, en mi vida. Shhhh. Chau. Te cortaste el pelo como yo siempre quise que lo tuvieras, te pintaste las uñas con el esmalte que te regalé una última vez y te fuiste.

Y ahora trato de acercarme a tí, escribiéndote; no sé si estás viva, no sé si te casaste y tuviste los 3 hijos que nunca quisiste tener. No lo sé y no tengo una sola fotografía tuya pero siempre compro un vino y lo guardo para cuando quieras venir de visita. A lo mejor lo llegamos a abrir aunque sea tarde para los dos.

 

 

martes, 25 de noviembre de 2014

Cuando me levanta una canción.


Esa constante competencia

Ese constante quién es quién

Ese constante cambio de apariencia

Me ha transformado en su rehén.

Quise ser alguien y no pude

Guardo la duda en mi andar

Corté el camino y si te tuve

Pagué el precio por cortar

Uso el disfraz de la elocuencia

Tomo el lugar de quien no soy

Vuelo de más y mis carencias

Son realidad en mi oración.

 

Tomo el violín, sigo adelante

Vuelve la sonrisa a visitarme

El tiempo ido, el punto aparte

En una hoja se han posado

Y al despertarme veo al  lado

Aquél acorde que busqué!

Y vuelvo a ser quien quiero ser

Me paro raudo de la cama

Sin preocuparme hoy, si mañana

Querrás hacerme otro café.

miércoles, 6 de agosto de 2014

En clave de...corre!


Temblaba cuando lo hice, pero era la única forma. La única en ese momento de niño travieso. A finales de los ochentas mis pronunciados dientes tenían picaduras y debía ir al dentista. Mi continua negativa no intimidaba en lo más mínimo a mis papás así que un buen día de finales de los ochenta mi madre me llevó al consultorio. La dentista, una señora amargada por quién sabe qué o por quién, no hizo otra cosa que hacerme abrir la boca y meter sus equipos dentales y pulir, y pulir, y pulir…y yo, dolor, que dolor, que dolor. Cuando terminó yo no podía hablar por dolor. Señalé un pote transparente que había visto al entrar lleno de dulces y chupetes. Ella me miró y me dijo que no, que estaba preocupada por mis dientes y que sería bueno no comer nada hasta una próxima visita. Yo, indignado a mis 12 años, salí furioso del consultorio. Me hizo esperar mientras atendía a otro paciente y me senté a ojear ciertas revistas cuando de pronto, mis ojos captaron la imagen de un aparato muy poco conocido por estos lares pero que yo había visto en varias revistas que me llegaban de Gringolandia: un gameboy.

Me abalancé sobre él antes que llegue cualquier otro paciente. Al lado del aparato ví un cartucho que conocía a la perfección ya que mi primo tenía la versión en Nintendo. El juego en mención era Castlevania. Tremendo juego. A escasos centímetros de mi mano. A escasos centímetros de mi bolsillo. Me acordé del pote transparente y la cara seria de la vieja dentista. Sonreí maliciosamente y puse el juego en mi bolsillo. No había más. Me había convertido en ladrón a los 12. De pronto llegó mi madre a recogerme y ni me despedí. La miré y le dije que nos vayamos rápido porque tenía que hacer tareas o lo que fuera. La verdad era otra. No quería que me descubrieran. Mi madre asintió y nos fuimos del dentista. Juré no volver nunca más. Por el camino me metí la mano al bolsillo para estar seguro de tener mi preciado tesoro, pensé que haber sido capaz de tamaña fechoría no era digno de mí pero, sea…ya estaba hecho.

Al llegar la noche y acostarme, puse el juego en cuestión delante de mi repisa, para poder admirar la portada cien veces más, claro, porque me había apoderado del juego más no de la consola y no podía jugarlo. Mientras admiraba la portada el sueño empezó a apoderarse de mí y fui cayendo en los brazos de Morfeo…

2 a.m.: Me levanto, prendo la luz y veo que el juego me está mirando. Me observaba. Mi papá pregunta por qué he prendido la luz y la vuelvo a apagar.

3:30 a.m.: Me levantó nuevamente pero esta vez no prendo la luz. Solo estiro el brazo y siento que el ladrón de sueños está en su sitio. Abro la tapa, lo tengo entre las manos y lo vuelvo a poner en su sitio. Me demoro un poco más en poder dormir.

5:00 a.m.: Ya no puedo dormir. Me veo obligado a estar despierto hasta que empieza amanecer; siento que el corazón late rápidamente y sé perfectamente por qué es. Pienso en haber sido una persona mala, que no necesitaba tener ese juego de esa manera. Me gana la conciencia. Peter Parker jamás hubiese hecho eso. Jamás.

Siento un remordimiento continuo. ¿Cómo pude haber robado? ¿Cómo pude haberme hecho con algo que no era mío? ¿Qué pensarán mis papás, mis hermanos, la iglesia? Demonios! Tengo que actuar rápidamente. Sé exactamente lo que debo hacer. Es la única forma. La única.
Llego al colegio y le comento la gran fechoría a mi primo, algo mayor que yo. Después de llamarme la atención y decirme que eso no se hace (por más que sé que él había hecho lo mismo con varios cassettes de Nintendo de otra persona) me dice que me ayudará en la abnegada tarea de devolver el dichoso juego a su dueño.

Como castigo, no podría llevarme en bicicleta. El manejaba y yo debía ir atrás corriendo detrás suyo.  Al fin llegamos al bendito lugar y vimos la puerta abierta pero nadie esperaba en la sala. Saqué el juego del bolsillo, lo miré por última vez y lo tiré encima del sillón. Dentro, por una ventana vidriada escuchamos un ´taladro dental´ dejar de sonar y una silla que crujía. Vimos una sombra acercándose y salimos despavoridos del bendito lugar.

Odio ir al dentista.
Imágenes de Getty Images.

miércoles, 9 de julio de 2014

Perdido.

"He escuchado a ciertos engranajes dejar de rodar. Siguen encajados pero han dejado de moverse. Busco aquel motor que funcionaba tan bien hace unos años pero lo siento ahogado. He dejado caer al suelo la palanca que destrababa cualquier eje y ha retumbado muy fuerte cuando cayó. No me veo recogiéndola más. 

Me duele la espalda, el cuello y no he cargado a nadie todavía. Las piernas tiemblan cuando camino. Añoro el sentimiento de sueño cada vez que me visita y he dejado de levantar la voz o de pelear por algo que quiero sea mío. He dejado que los años rueden y me han llevado a donde quisieron sin que yo haga nada por cambiarlo. He mirado a la resignación a la cara y ha sonreído resignada.
No culpo al frío, ni al miedo, ni al cambio, ni a los pelos blancos en mi cara. Dejé de barrer bajo los muebles y encuentro solo polvo cada vez que los miro.

Me he refugiado en soledad y me ha visitado uno que otro pensamiento ingenioso y creativo. Quedó trunco y ya no los recuerdo bien porque la adrenalina no va más por mi sangre y la capa no me hace volar como antes. Ante cualquier noticia buena dejo de sonreír y mi hablar pausado y aburrido se ha vuelto mi carta de presentación. Me he mojado la cabeza para despertar un par de veces y sólo he sentido que las gotas se van calentando mientras caen lentamente sobre el rostro que ya no reconozco.

Soy, en escencia, aquel que me juré nunca ser."





jueves, 27 de marzo de 2014

Coleccionista o Jugador?


Hace aproximadamente 2 años entré a una página de ventas en donde encontré un artículo que me hizo recordar épocas de infancia frente a un televisor de pocas pulgadas hasta altas horas de la noche, los fines de semana. Jugar The Legend of Zelda después de 25 años había picado mi interés y, viéndolo a tan bajo precio (15 soles…. y era uno de los juegos caros), lo compré sin saber en ese momento que me estaba metiendo progresivamente en un mundo de imaginación pura en donde la billetera no puede contra la nostalgia - en muchos casos. El mío, ha sido más de una vez, uno de ellos. Siguieron Metroid, Megaman, Super Mario Bros. Castlevania, consolas, revistas, afiches, juguetes y un no tan largo etcétera.
Han pasado 2 años y veo con mucho asombro el cambio repentino o la movida que adquiere mucha fuerza en este país. Y con eso, salen a la palestra aquellos nuevos vendedores que han malogrado bastante el mercado ya que pagan precios bastante altos que, sumada la ganancia, el consumidor final no está dispuesto a pagar. Los vendedores antiguos se molestan bastante o le dan un nuevo giro a su negocio ya que comprar un juego antiguo es ahora pagar un precio caprichoso por algo que, a final de cuentas, no vale tanto. La poca sapiencia de un negocio que podría ser beneficioso para las dos partes se ve alterada por una fuente que repercute directamente en el mercado limeño pero no necesariamente lo representa. Me explico: lo primero que hacen los revendedores cuando adquieren un juego que tiene un mercado cautivo es meterse a eBay y ver a qué precios se vende en el mercado americano. Craso, craso error. Cuando ven que The Legend of Zelda se vende en 20 dólares, creen que automáticamente eso se verá reflejado en el mercado limeño. Generalmente, quien ”pica” o le da click al artículo es alguien que no ha vivido la primera generación de ese juego en particular y, con 13 a 18 años, la curiosidad y un YouTube masivo, se empiezan a considerar ‘coleccionistas vintage´. Porque lo vintage, claro está, es ahora la moda que rige los gustos de cualquier ser humano que tiene en su casa un termómetro viejo y grande que usaba la abuelita y que ahora se atesora no con mucho cariño, sino con miras a pronosticar (sin saber) a cuánto se puede vender un artículo como el mencionado.

Punto para el revendedor, quien pudo colocar el artículo al precio que sintió era correcto.  

En ESE momento.

Pero, qué pasa después?

Lo siguiente: coloca el mismo artículo adquirido al mismo precio y …no se vende. El revendedor no entiende; no hizo su tarea bien? El verdadero coleccionista conoce el mercado, hasta cuanto aguanta su billetera y el precio correcto y no se rige por una política gringa como eBay cuando sabe que puede encontrar el mismo artículo a mucho menor precio en páginas diferentes.

El revendedor ni siquiera necesita saber hablar en inglés. Basta con saber que la conversión del dólar al sol es de 2.90 aproximadamente y ese es el precio que creen que se debe manejar en este mercado. Segundo error. El revendedor se da cuenta que el juego no se vende a ese precio y se da cuenta que está perdiendo clientela y que esa clientela está buscando el mismo juego por otro sitio y comparando precios. La política de ‘libro cerrado’ en Perú rige como norma y es que nadie da a conocer su propio negocio por miras a que nadie más entre en el rubro…pero, recuerden, siempre hay uno que sopla más de lo que debe, o no?

Vale la pena coleccionar juegos de Nes por estos días? Pat the NES punk (una celebridad en estos menesteres de YouTube) nos dice que sí. Si bien es cierto que el catálogo de Nes entre juegos oficiales y no oficiales supera los 700 títulos, hay todavía algunos de ellos que vale la pena jugar y tener en el archivo porque siguen baratos: Ninja Gaiden II, por citar un  ejemplo, lo puedes encontrar en 20 soles. Y las consolas está lo suficientemente asequibles como para poder armar algo interesante en lo próximos meses. Eso sí; el valor de ciertos juegos se ha, tranquilamente, quintuplicado y en ese caso, no vale la pena pagar el precio exorbitante cuando por lo mismo que pagas puedes comprar juegos de última generación. Es así que he observado como gente cuelga en páginas de subasta peruanas juegos que bordean los 400 soles, sin caja, sin manual y con una etiqueta dañada. Con 400 soles te compras una computadora, te bajas un emulador (gratis) te bajas toda la biblioteca de Nes y Snes (también gratis) y juegas todo lo que quieras. Eso es mucho más recomendable que comprar un juego tan caro y que no vas a poder revender ni siquiera a la mitad de lo que te costó. El mercado peruano, señores, no es y nunca será igual que el norteamericano. Hay juegos que todavía encuentras aquí que valen una millonada afuera; pero eso no necesariamente debe hacerlo caro para este mercado, sobre todo si el revendedor ha pagado menos de 10 soles por él.

Al final, quien hace que el mercado incremente el precio y que los vendedores se vuelvan ávidos por conseguir ciertos juegos o algo relacionado a la franquicia que venden es el consumidor final. La culpa, que quede claro, es del consumidor final. Es ahí donde muchos se dejaron ganar por la pasión. Y luego, indefectiblemente, empiezan a vender sus propios artículos (en menos precio y aún así se demora en ser vendido) por no poder mantener algo en su colección que les resultó demasiado caro y que nadie aprecia tanto como él mismo.

Dicho todo esto, el coleccionismo está en pleno furor en este mercado que solo ha visto un crecimiento sin precedentes en los últimos 8 años…y he tenido la suficiente destreza o alianza para mantener bien a mis proveedores y pagar siempre el precio justo para ellos y justo para mí. He dejado pasar artículos de gran interés por no estar de acuerdo con mi presupuesto de hobby hasta que encuentre la mejor oferta y es que, la experiencia, me ha sabido traer el conocimiento necesario para poder ganar la guerra aunque, de vez en cuando, haya perdido alguna batalla.

Los dejo con una página de emuladores para sus respectivas PC´s (el purista dirá que no hay nada mejor que darle ON a su respectiva máquina y estoy de acuerdo en ciertos casos pero, a falta de pan…)


Saludos,

José Carlos
° Imágenes de archivos Internet.

Empatía.

Un nuevo inquilino llega a la vecindad y lo primero que hace es colgar su ropa en los tendederos que ha puesto y que dan a mi fachada. Cuand...