lunes, 11 de junio de 2018

Al ruedo, mi viejo enemigo.


Cuando se vió las manos comprendió inmediatamente que los surcos de los nudillos, ahora más profundos, empezaban a mostrarse de manera distinta. Cerró las manos haciendo puños y notó un pequeño dolor entre el índice y el pulgar de la mano derecha. Sentía la velocidad de los dedos, esa por la que había trabajado a su manera por tantos años, desvanecerse sin haber sido realmente escuchado. Rezaba por que el día de mañana pueda combinar de manera perfecta, nuevamente, negras y blancas y poder tararear aquella melodía que le había sido esquiva por más de 40 años. Aquella que haría que el mundo le aplauda.

Alguien le había dicho años atrás que el pecado más grande era el miedo. “Dios odia a los cobardes” habría escuchado. Y eso se le había impregnado en el corazón como nada más, aún cuando tenía que tocar para algunas cuantas personas. Antes eso significaba una felicidad absoluta. Ahora no era nada especial, tal vez el paso de los años habría hecho que él se desencantase de lo que siempre había proclamado ser: un pianista.
Veía en los noticieros cuántas bandas nuevas surgían, cuántos niños virtuosos del violín habían aparecido y los contemplaba sin decir palabra alguna. El corazón le palpitaba con una ferocidad incalculable y había aprendido a mantener la compostura sin mediar palabra alguna. Las esperanzas y la ilusión habían partido no sin antes dejar entrar al mal humor y la crítica constante hacia los demás que en realidad reflejaban solamente una amargura personal. Carente ya de imaginación, se había puesto a leer todo lo que podía y hacía informes en pequeños papeles de colores que pegaba sobre páginas de revistas especializadas en la última tecnología musical, de cómo ésta podía interpretar a Pachelbel con la misma pasión con la que un ejecutante de carne y hueso podía hacerlo y eso lo ponía de pésimo humor.

Tenía un perro que lo acompañaba en aquellas noches de lectura y el piano no había sido abierto en 4 años. Si no hay pasión, no hay ni siquiera por qué afinarlo. El cerebro había tenido una que otra buena idea a su parecer pero no se había molestado en pararse y grabarla porque eran las 3 de la tarde y tenía que dormir en algún momento. El día era muy largo ya que nadie lo visitaba y no tenía televisión ni recibía el periódico por lo que no tenía ni idea de cuáles eran los titulares del día o lo que pasaba a tres pasos de la puerta de entrada. Aunque tenía acceso inmediato a internet y todo lo bueno que youtube podía ofrecerle a altas horas de la noche.

De pronto, una carta llegó a su hogar. Escrita a mano. Reconoció inmediatamente la letra y titubeó en abrirla. Mientras lo hacía sentía que ciertas notas regresaban a su cabeza, acordes que no había escuchado más que en su cerebro por muchos años, piezas muy difíciles de ejecutar y que él había llegado a tocar sin problema alguno en su juventud. Las claves, los sentido spuestos en la nota inmediata a ser ejecutada en compases de ¾ y 7/8, las partituras que tanto había odiado y el frío de las teclas que habían sido sus mejores amantes por tantos y tantos años. Respiró de manera profunda y empezó a leer:

“Hola. Sé que aún vives en ese horrible sitio. No tengo mucho tiempo de vida, sin rodeos, es cáncer, a lo mejor duro un par de años más. ¿Recuerdas que bromeábamos de eso hace tantos años? Bueno a mi me llegó primero (creo, pero chequéate no vaya a ser que en eso también hayas querido ganarme). Mi último deseo es hacer una gira mientras pueda. Pero nada me motiva; a menos que te haga salir de ese cuchitril en el que decidiste pasar tus días, nada hará que yo vuelva a los escenarios. Un duelo, eso es lo que quiero. Quiero tener la oportunidad de que el mundo de ahora vea que puedo arrebatarte el título esta vez. Estaré en tu país en 3 meses.
PD: practica, nada me disgustaría más que ponerme a un nivel bajo y, conociéndote, seguro no has abierto ese hermoso piano que tienes en mucho tiempo. Así que ya sabes, a nadie le gusta hacer el ridículo frente a una distinguida audiencia. Y recuerda: Dios odia a los cobardes.”

Guardó la carta con cuidado y contempló a su viejo perro al lado buscando la aprobación de su mirada.
Se miró nuevamente las manos pero, esta vez, sonrió.

lunes, 12 de marzo de 2018

Un ladrillo más en la pared


Se nos viene!
El tren de información se nos viene. No cambies de canal, haz que la ruedita pensante de Facebook gire el 100% del día mientras lees la mitad de uno de sus titulares, acerca la cabeza a la ventana y escucha el primer bocinazo a las 5:30 de la mañana, sal corriendo a comprar pan porque te quedas sin él si llegas un minuto tarde, vuela a 100kms. Por hora para poder llegar a un trabajo que no te valora lo suficiente, almuerza rápido mientras ves la pantalla de la computadora tratando de ver que necesitan de ti y resolviendo todo en tu hora de descanso, vuelve a trabajar hasta las 9pm, aunque cuando firmaste el contrato te dijeron que sí o sí salías las 5pm, regresa a casa para ver a tu familia (y hasta al perro) dormir, date una ducha rápida con la poco agua caliente que queda porque llegaste tarde y cuando estás listo para meterte a la cama, llega la llamada de un compañero de trabajo 10 años menor que tú diciendo que está en alguna discoteca, a ver si te das un salto para conversar del trabajo entre cervezas.
Si se parece un poco a la vida es porque es real, es lo que pasa.
Ha salido una nueva banda en la radio que es buenísima y recomendada por todos. Lo único que piensas es que si no la pasan en el dial que escuchas todas las mañanas mientras navegas por el mar del tráfico, entre los 30 minutos que te toma llegar al trabajo (que a pie te toma 3 cuadras), entonces no la vas a conocer. Porque no te mandas para ir por otra ruta, porque las calles son peligrosas, porque tus ventanas siempre están cerradas y el aire acondicionado a full.
Ajá.
Y toda la plata que gastas en tus gustos (libros que no lees, música que no escuchas, teléfonos que nunca terminas de usar por no conocer el lenguaje, la guitarra que compraste tan cara y que está colgada en algún cuarto, y un largo, larguísimo etcétera) nunca la gozas y todo lo que te hace feliz está bien empolvado en un rincón del corazón.
Ah, la vida.
Pues…no.
Ésa es la vida que te regala el tren de información desde una caja boba.
Entonces, después de unos milagrosos 3 minutos y medio de sentarme y pensar que quiero hacer el resto de ella, apago los 5 televisores de casa, cierro mi cuenta de fb, decido perseguir un sueño (cualquiera que me haga feliz – no tiene por qué ser uno solo), elimino el 80 por ciento de mis contactos de teléfono, renuncio porque me da la gana, llego a casa a las 11 de la mañana recién con el pan, le sonrío a mi esposa que me observa de manera extraña, la abrazo un rato, abro uno de los cientos de libros que compré, enchufo la guitarra a mi parlante más estridente, saco al perro a pasear a cualquier hora del día y por fin respiro un aire que sí me gusta, que no es para todos, pero para mí funciona.
No hay nada que no pueda hacer cuando la televisión está apagada, la radio suena bajito, la imaginación sale a volar y mi sonrisa es real desde donde se me mire. La vida recién comienza a los 40.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Con mucho poder debe llegar mucha responsabilidad!

Ante la duda, me decidí a agarrar lapicero y papel (jamás le envíes una carta escrita en computadora que ni las usa!) y, sin saber qué decirle, empecé a ensayar esas palabras que no recordaba como dibujar una por una (la jota es con un punto arriba o con línea?) a ver que pasaba luego, qué sucedía. Porque no era, en mi caso, poca cosa escribirle a este hombre, qué va, si es una gran fuente de inspiración en todo lo que quise ser como ser humano y mientras más curiosidad sentía sobre este tipo y su manera de pensar y vivir, y más leía en foros (que era un excéntrico millonario, que nunca respondía nada, que seguía trabajando en las oficinas chicas y sucias de una calle neoyorkina desde hace más de 50 años, que se levantaba del escritorio sólo para recoger correspondencia y recibir, entre ellas, cheques de hasta 800 000 dólares que ni usaba, que si lo veían en la calle ni siquiera sabrían quién es ya que no existe un archivo fotográfico de su cara más que la que se tomó en los 50´s para el Yearbook porque era una obligación)….mito y leyenda juntas y yo tenía que intentarlo.
Calculé vagamente que estaría ya bordeando 95 años y que tal vez no se detendría a responder cualquier misiva porque, vamos, a esa edad uno supone que el día pasa lento cuando no hay nada que hacer pero investigando un poco más, todavía sigue activo y dibuja para publicaciones americanas lo que hacía de mis esperanzas de un par de líneas escritas a mano una muy lejano sueño.
Huraño, extraño, con los pies bien puestos en la tierra y sin ninguna ínfula de superioridad, Steve Ditko todavía camina las calles de Nueva York y va a trabajar como lo hace hace más de 70 años con la seriedad y humildad que lo caracteriza. Flashes no por favor. Entrevistas, muchas menos, no existen. Un raro caso para quien es el verdadero creador de aquél superhéroe que adorna las casas, que vive en cómics, películas, polos y demás parafernalia hasta el día de hoy e ilumina las mentes de millones de seguidores en el mundo entero.
Así que nada, igual, a escribirle bajo ciertas reglas que se debían cumplir dadas por aquellos que habrían recibido una carta de puño y letra de esta leyenda viviente. Nada de computadoras, no sabe qué cosa es un celular, no tiene facebook y sigue utilizando un teléfono de discado en su mesa: Mr. Ditko vive como si el mundo no hubiera cambiado en los últimos 50 años, y, por qué no? Se le oyó decir alguna vez que el artista debe ser reconocido por el arte que produce…la persona, o el alter ego, es sólo piel y hueso y eso morirá alguna vez. El arte habla por sí mismo. Así que vive como quieras.

En la misiva que le envíe le pregunté tantas cosas sobre la vida, los giros que ésta había tenido en base a las decisiones que tomé y mucho más. Esperé varias semanas en una época en donde la respuesta es inmediata vía un whatsapp o una red social y lo más difícil del mundo es tener que esperar. Tal vez haya un aire de júbilo y regocijo en su interior, al saber que la respuesta debe esperar el tiempo que él lo decida. Pero recibí la respuesta, escueta, por supuesto, del gran Steve Ditko y no podía creer que efectivamente, todo era en puño y letra, hasta su firma.
Gracias Steve, habemos algunos que todavía creemos en ti, en tu manera de vivir y pensar y en que Peter Benjamin Parker sin Steve Ditko, no podría haber sido nunca The Amazing Spider-man.

Y mi hijo no podría haberse llamado Benjamín sin tu pluma dibujando a aquel ser arácnido que aún está enquistado en mi corazón. 

miércoles, 26 de julio de 2017

Llegué a casa temprano ese martes por la tarde porque había caído en cuenta que pronto tendría la visita de mi suegra y eso me dejaba poco espacio para poder relajarme en el cuarto que acondicionaba religiosamente todos los años para ella en fechas festivas. Coraline balbuceó esas palabras harto conocidas en Diciembre: “Viene mi madre. Ya sabes qué hacer con tus muñequitos y revistas.”
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“Bueno, hablé con Jenkins y me dijo que podíamos ir a averiguar si hay viejas autopartes y artefactos antiguos en el vecindario donde está ubicada la mansión. Hemos tenido suerte antes en las zonas aledañas así que su respuesta fue inmediata. Le pregunté qué tipo de autopartes era en las que más interesado estaba y me contestó que de todo, desde bujías hasta placas decorativas ya que en un negocio de venta de autos de segunda mano todo sirve hasta que se cae. Cuando me retiraba, le pregunté si alguna vez había escuchado alguna historia sobre la vieja mansión que se ubicaba en la zona en la que íbamos a tratar de comprar repuestos usados. Me contestó con cara de “qué sigues haciendo aquí, estamos perdiendo dinero” así que salí inmediatamente.”
“Ok entonces” – soltó un entusiasmado Patrick, “nos vamos. En tu carro o en el mío?”
“En ninguno”-contesté. “Nos vamos en el metro. Así tendré tiempo para leer nuevamente ese periódico tuyo, lo tienes aquí verdad?”


Collins estaba seguro de que hoy era el día de su gran triunfo. Había esperado lo suficiente, había ahorrado un poco más de la cuenta. Bebió su café de madrugada pero esta vez le echó 2 cucharadas de azúcar. “Perfecto, perfecto”- pensó. El banco estaría abierto en sólo unas horas y el estaría listo para ser dueño de una vieja casa que nadie quería, que no se había vendido en años, que necesitaba demasiada plata en refacciones y que no ameritaba esfuerzo alguno de ninguna constructora para poder invertir en ella. Ésa era la obsesión de un sujeto que no gustaba de hablar, de compartir o de contestar a las preguntas que se le hacían. La felicidad estaba a sólo unas horas. El traje estaba listo para ser usado y la noche empezaba a convertirse en un día plenamente gris y maravilloso. Miro al lado de su taza de café y, detrás de la vieja silla, se encontraba un recorte de periódico enmarcado. En letras grandes se leía “Meteoro descubierto en vieja casona”. Sonrió y saboreó nuevamente un glorioso café.


“Alguna vez les conté sobre mi papá? El siempre leía estos libros de ciencia ficción con una cerveza helada y tenía muchos en una colección que poco a poco fue haciendo. Recuerdo que las portadas de las revistas eran fascinantes, llenas de alienígenas y monstruos y cosas así, que se yo, era solo un crío y me encantaba verlas. Aunque no leí ni uno de esos libros. Cuando el murió, heredé todos los libros y los mantuve en casa por varios años hasta que los vendí a “Near Mint” y..qué irónico. Ahora trabajo allí con ustedes, holgazanes. Je.”
Le echamos la mirada cómplice y prosiguió: “Recuerdo un libro que me llamó mucho la atención, en la portada se veían unos tentáculos que se movían por sí mismos y aterrorizaban a una población que salío despavorida por la calle. Bueno la cuestión es que les menciono esto porque quería saber si alguno de ustedes alguna vez vió esta colección cuando eran pequeños, hace como 30 años de esto….”
“Sí, la recuerdo!” – dijo Patrick- “No exactamente el número que mencionas pero yo ví varios ejemplares a la venta cuando era chico y leí uno que otro número de ellos y, es más, hasta alguna vez les escribí saludándolos y pidiendo que la publicación sea más seguida…eran excelentes! Aún conservo uno que otro ejemplar en casa, si quieres te los presto…”
“Eso sería genial! Bueno…estamos cerca del lugar…todos listos con sus antorchas y máscaras?”

Nos reímos y bajamos tan pronto frenó el bus.

sábado, 22 de julio de 2017

Respiraba hondo y profundo cuando se sumía en pensamientos que no dejaba que se noten muy a menudo. Tomaba religiosamente 3 tazas de café negro y sin azúcar diarias y detestaba cada una de ellas. El sabor amargo le recordaba una juventud ya pasada, cuando la pierna izquierda funcionaba a la perfección y el abdomen no asomaba. Tosía de vez en cuando, nervioso y buscaba en internet todas las noticias que pudiera de ese lugar que lo fascinaba de alguna manera extraña. Nada. No encontraba nada. Mr. Collins no era un hombre que se daba por vencido tan rápido y las constantes visitas a quien tenía encargada la venta de la vieja mansión vestían a Mrs. Dublin de mucha paciencia. En sus frecuentes visitas, habían ciertos pasadizos y corredores que no era recomendable visitar, la madera podía ceder y arreglar todo costaría una fortuna. Pero eso no le importaba a Collins. Estaba decidido a comprarla, tal vez en un mes más, con los ahorros de toda una vida. Era el lugar perfecto en donde él veía el resto de su vida pasar sin que nadie toque a su puerta o lo moleste a la hora de escribir esos cuentos que vendía de vez en cuando a una editora local. La fortuna que siempre esperó con ellos nunca llegó. Pero la perseverancia era su mejor aliada en este caso y lo poco que heredó de algún familiar lejano lo hizo decidir la compra. Sabía que no había el más mínimo interés en aquella propiedad y sólo él, sólo él podría comprarla. Sorbió el café lentamente. Un asco. El sabor era exactamente el que necesitaba.
Al siguiente día, Mr. Collins se levantó tarde, como siempre. Hizo una mueca de queja por la contracción de los músculos que ocasionaba el dormir por tantas horas sin saber necesariamente qué día era. Un reloj muy fino que nunca daba la hora y siempre llevaba en la muñeca derecha era todo el talismán que necesitaba para emprender las labores del día. Ir a comprar alguna cosa para comer, siempre lo mismo, sin penas, ni glorias, ni nadie que lo acompañe. Veía, tranquilo, la vida pasar sin apuro. Todavía era lo suficientemente joven, lo suficientemente fuerte. Todavía reía solo, con la tv prendida y a veces reía solo, con la tele apagada. Nadie tendría la curiosidad suficiente para acercarse y tratar de conversar con él. Mr. Collins era un verdadero enigma en la sociedad. Y él prefería mantenerlo de esa manera.




A Pat le habían llegado noticias de algún extraño objeto que deseaba observar  en carne propia. “Es un fragmento de una piedra muy extraña” – nos contaba a Cole y a mí. “Dicen que algo pasó en este condado hace muchos años, algo de lo que nadie habla o quiere hablar y se ha dado por muerto el asunto”. De repente sacó un diario de hace 20 años que explicaba que un cuerpo extraño había caído en la casa de los Edison (¿los Edison?) hace un buen tiempo. “Y adivinen qué? ¿Cuál creen que es la dirección de esa casa de la que hablan?” y me miró fijamente y sonriendo. No tuvo que decir más. “No bromees.” Dije. “¿En serio?” Me entregó el periódico y mis incrédulos ojos leyeron la misma dirección de aquella vieja mansión que ejercía en mí un instinto de investigación espectacular.”Un momento…de dónde sacaste este diario?” le pregunté. “Recuerdas el baúl viejo que me enviaron hace un mes, cuando murió mi tío? Abrí el baúl y sólo habían algunos trastos viejos que pensó que me gustarián cuando se vaya y los metió todos allí.” “Y el periódico era algo que guardaría todos estos años?”
“No. El baúl estaba envuelto en él. Parece que originalmente era uno de los periódicos que guardó al mudarse, o era del día en que se fue y no lo habría leído…qué se yo? La cuestión es que al recibir el baúl se utilizó esta página para envolverlo”.
 Cruzamos miradas entre los tres. “Bueno” – dijo Cole “…saben que tenemos poco inventario que publicitar en “Near Mint”. Creo que echar un vistazo por ese vecindario no nos iría mal. Propongámoselo a  Jenkins y veamos qué dice”.  Una curiosidad de niño me embargó y reímos, entusiasmados ante la idea.

viernes, 21 de julio de 2017

50th Edison Street

Siempre que voy por el mismo camino me detengo algunos minutos para observarla. Plácida y con muy poca luz, madera que vió un mejor momento y ventanas sin limpiar, la mansión se yergue a la distancia, en un lugar en donde, de manera inexplicable, nunca cae el sol. Ejerce en mí una profunda atracción, como llamándome a visitarla pero nunca lo hago. No cruzo la vereda. No la observo más de medio minuto por más que quisiera quedarme horas viéndola. Es, quizás, mi mayor entretenimiento a la hora de regresar a casa dese el trabajo. No se le conoce historia alguna, solo que una vez fue habitada por gente muy extraña y nadie sabe más. Nunca ha podido ser vendida ni a los precios más bajos y no puede ser demolida porque a nadie le apetece hacer una inversión ya que el campo que la rodea parece que genera cierta radiación que no puede ser controlada de manera fácil. El folklore del pueblo y esa inmensa capacidad para crear historia que estoy seguro vienen de un aburrimiento absoluto, cuentan sobre algunos muchachos (que hoy deben ser señores) que entraron alguna vez y cuando salieron de la mansión prometieron no volver a hablar de ella o de lo que había sucedido allí. Las noticias locales y las estaciones de radio se le acercaron a dos de ellos pero prefirieron irse del pueblo antes que contar nada de lo que sucedió. Ninguno de los siete muchachos viven hoy aquí para contar nada y a mí sólo me llegaron estas historias tan raras que un hombre cuerdo en estos años no puede ni podrá creer.

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Son las 6:30 y el jefe me manda a averiguar quién está dispuesto a rematar su auto porque las ventas han estado muy buenas y el negocio debe seguir creciendo. “Necesitamos inventario. Viejo inventario que podamos convertir en algo nuevo para “Near Mint”. Sal a tomar aire y descubre que podemos adquirir a un precio módico para poder seguir creciendo. Haz tu mejor esfuerzo!”. Esa era la frase más importante para el jefe haz tu mejor esfuerzo y vaya que lo hacía. No con muchas ganas la verdad, pero la paga era buena y no podía estarme quejando todo el día bajo el sol. Además la familia debía subsistir de alguna manera y yo era el personaje idóneo para poder pagar las cuentas según mi esposa. Algún día, pensaba yo, podría escribir un libro. Pero hoy no. Hoy era momento de “Near Mint”.


El pub estaba abierto desde las 4 de la tarde. Algo temprano, pero la gente se había acostumbrado a que a esa hora se abría el local y muchos lo visitaban antes de ir a casa. Yo lo frecuentaba poco pero hoy era un día especial ya que era cumpleaños del viejo Sal. Sal era el dueño del pub y mantenía siempre la cerveza fresca para todo aquel que tuviera el dinero suficiente para pagarla así que terminando las labores, unos compañeros de trabajo y yo caeríamos a visitarlo. Siempre con historias interesantes por sus viajes fuera del condado y alguna que otra novedad en las bebidas que preparaba, Sal se había hecho de un buen nombre dentro del pueblo. La gente lo apreciaba bastante y nadie se metía con él por dos cosas: a) Medía un metro noventipico y era corpulento con unos grandes bigotes que movía de un lado a otro cada vez que no estaba de acuerdo contigo. Y b) Era dueño del Pub más importante de todo el sur.
Patrick, Cole y yo llegamos temprano. Los tres trabajábamos juntos y estábamos bajo la misma planilla pero en diferentes áreas de “Near Mint”. A Patrick lo conocí desde el colegio y a Cole en el trabajo. Hicimos muy buenas migas cuando empezamos a conversar sobre gustos musicales y de videojuegos de infancia  (los tres terminamos siendo grandes fanáticos y conocedores de la vieja computadora Spectrum y sabíamos cómo arreglarla de cabo a rabo. A ninguno le gustaba tomar demasiado pero sí nos gustaba pasar horas de horas viendo películas de los años 50 y 60 de ciencia ficción y nos burlábamos de los efectos especiales usados en ellos. La serial de Batman y los efectos de Nosferatu eran de nuestros favoritos. Conservábamos juegos y juguetes de cuando éramos muchachos e intercambiábamos historias con frecuencia sobre los orígenes de las compañías que nos daban gratos recuerdos. En fin, unos muchachos muy buenos a quienes yo consideraba amigos. Y los demás consideraban nerds.

Sal  nos atendió de inmediato al entrar y vociferar “Feliz cumpleaños!” a viva voz. “Ah” – dijo con ese acento tan característico – “si lo recordaron…la primera ronda es gratis! Les ofrezco el whisky de siempre pero como sé que los tres lo toman con Coca cola…esa sí se las cobro!” 

jueves, 9 de febrero de 2017

El correcto orden del pensamiento


En el camino a grabar, componer y ejecutar la memoria se me hace frágil. Papeles, apuntes y anécdotas son ahora esquivas y, teniendo una “fértil imaginación” como dirían las personas que me conocen, se me hace difuso separar la realidad de la ficción. Horas que se convierten en días, meses y años son las culpables de no poder juntar de manera cronológica ni los garabatos, ni las risas, ni la frustración, ni todos esos sentimientos volcados en muchas hojas que se las llevó el viento. O alguien. Para la posteridad.
Lo que sí recuerdo es la manera de concebir el producto y el subsecuente listado en el orden a ser escuchado. Ése sí lo recuerdo. Este es un producto que le pertenece al viento al no haber sido editado en formato físico. Una labor como cualquier otra que se hace con el corazón en la mano. Desnudarse parece ser muy fácil para algunos compositores y cantantes. Para mí, no lo fue. Sincerarme con lo único que sé hacer es lo único que puedo y debo hacer. Y que me disculpen a los que les interese disculparme.

TRACKLIST:

Lógicamente en el tintero se quedaron algunas cosas. Para una próxima aventura quizás. En este extraño y maravilloso mundo, ésta es mi voz: “The Building”. En un lugar donde ya no se aprecia el escuchar un disco continuo, en donde el tiempo corre más rápido cada vez, a veces impidiéndote formar nuevos lazos de sentimientos hacia algo tan invaluable como la música, espero encontrarte sentado y leyendo estas líneas mientras te preparas a darle click al enlace que te dejo. Si no puedes darle click...copia y pega. 

https://soundcloud.com/sgt-pepper-s


Solo para tus oídos. Solo para tu momento.
Quién sabe. Quizás descubras algo nuevo.


Chau.