No vale la pena recordar las cosas malas que sucedieron, pero es bueno
sacar algún tipo de experiencia positiva (cuando la hay) porque mientras
crecemos o envejecemos, la coraza frente a las balas disparadas es solo
resistente cuando has aprendido del pasado. Existe gente que no aguanta y que
va por la vida sin poderla vivir plenamente. A ellos mi mayor pena. Pero cada quién
con lo suyo y yo prefiero levantarme habiendo aprendido algo nuevo y relevante
todos los días.
Claro es que el proceso de aprendizaje trae consigo un diferente
estado de humor y sentimientos pero, ¿para que estamos aquí si no para aprender
y luego inculcar? La verdad no es única, no la tiene la religión ni la vas a
encontrar debajo de una piedra. La verdad está en nosotros, en lo que creemos
en realidad, por lo que apostamos y lo que nos moldea para crear una vida próspera
y pacífica. Tarea no siempre fácil porque se encuentran en el camino personas
que no comulgan con lo que uno predica. Pero eso es normal…si no que aburrido
sería todo! Intelectuales, testigos, abogados, músicos, deportistas, filósofos,
creativos, gente que quiere ser lo que no es, pacifistas, anarquistas….todos
tenemos un poquito de eso y un poco más de aquello.
Es nuestra personalidad.
Son nuestras características.
Es nuestra unidad.

Siempre hay un día para empezar a vivir mejor. Siempre leo que esta semana
todos vamos a empezar a hacer una dieta. Todos vamos a empezar a ser mejores en
año nuevo. Todos vamos a tratar mejor a nuestro prójimo. Todos vamos a empezar
a leer. Todos vamos a estudiar. Todos vamos a dejar de gastar en banalidades.
Todos vamos a ahorrar. Todos vamos a ser mejores y todos vamos a cumplir. Yo en
realidad, ante esta imposible misión de cumplir todos nuestros deseos pediría
ser constante en sólo dos de mis deseos y eso haría que esté en un mejor lugar
conmigo mismo y, por ende, con los demás. Y si eso pasara con todos nosotros no
me cabe duda que la alegría de lograr algo y que realmente la gente esté
contenta por lo que logramos haría que conviviéramos con más sonrisas auténticas
y menos envidia real y, por fin, dejáramos los libros de autoayuda sin leer por
el resto de nuestras vidas porque en realidad no los necesitaríamos.
Lo único que necesitamos es amor. Y aprender a ser felices como somos.