jueves, 19 de marzo de 2026

"Pop! Pop! Pop!"

"Hola. Te traje café. Es bueno para las raíces, no?"

 Dante solo abrió los ojos y, en medio de la noche, musitó:

 "Mucho tiempo. Mucho, mucho tiempo. Sí, el café es bueno. Gracias. Qué haces a estas altas horas fuera de cama? Tu papá lo sabe?"

 "No. Pero es mejor así. Voy a hablar bajito nomás. Es que tengo preguntas..." 

Dante solo lo miró. Se dió cuenta que había desarrollado mucho estos últimos años pero que se veía bien. Los dientes le habían crecido y se veían desproporcionadamente grandes con respecto al resto de su cuerpo. Sonrió y todas las ramas crujieron un poco. El pájaro que habitaba la rama superior izquierda que estaba tan llena de hojas verdes aleteó pero luego retomó su posición habitual.

 "En el cole hay un niño que piensa que soy bruto. Me dice eso y otras cosas. Yo lo acusé y la maestra lo reprendió. Nos sentamos separados. No me cae bien, no es mi amigo. Yo siento que el bruto es él porque a todos les dice "bruto, bruto". Yo sé que no soy bruto, soy inteligente, hago mis tareas...pero no salgo mucho a jugar con mis demás compañeros. Es que juegan cosas que no me gustan." "Son malos tus compañeros?" "No. Pero no les gusta hablar de las cosas que a mí me gustan." 

"Mmmm...y a tí te gusta hablar de las cosas que a ellos les gustan?" 

"No. Es aburrido. Yo hablo de videojuegos, ellos hablan de cosas del celular. Juegan a las chapadas, no me gustan las chapadas. Juegan a las escondidas, no me gustan las escondidas. No sé...soy bruto? Creo que no...." 

"No. No eres bruto. Eres diferente. Te interesan cosas diferentes." 

"Sí." 

"Creo que a todos ellos les gustan los videojuegos. Pero no les gusta hablar todo el día de los videojuegos, ves? Un rato está bien, pero no siempre porque hasta a los mismos jugadores les aburre en algún momento y deben descansar de eso. Creo que podrías probar jugando con ellos un rato a lo que juegan y luego hablar un rato de videojuegos. Entonces así todos felices. Has probado eso?"

 "No. No me interesa jugar a lo que ellos juegan."

 "Entiendo pero debes hacer ese esfuerzo si quieres jugar con mas personas...tú das un poco de tu tiempo y ellos hacen lo mismo. Qué haces en los recreos?"

 "Dibujo. Pinto. Diseño personajes para mis videojuegos." 

Dante sonrió. Volvieron a crujir las ramas. "No eres bruto, eres inteligente y estás creciendo. Ves las cosas de manera diferente porque eres diferente y eso está bien. Creativo, original. Tratar de ser igual a los demás no es la solución. La solución es tener tiempo para tí y tiempo para los demás. De esa manera puedes compartir otras ideas con otros niños y hacer que todos se sientan bien. Tienes que aprender a medir tus tiempos. Tiempo con ellos en el recreo y tiempo para tí luego. Acuérdate que todos los niños aprenden a su manera y a su tiempo. Son como pop corn." 

"Como pop corn?"

 "Sí. Algunos revientan antes que otros. Todos tienen tiempos diferentes."

 "Ah, sí, entiendo. Yo también soy como un pop corn?" 

"Sí....POP!" 

Dante, el árbol gigante y el niño empezaron a reír a carcajadas. Una luz dentro del cuarto se prendió pero luego se apagó rápidamente. El papá vió desde la ventana que el niño estaba en pijama conversando solo, con voz bajita dentro del jardín de casa. Observó todo sin que el niño se diera cuenta. Recordó que él mismo cuando era menor iba a ése lugar a pensar mucho mirando hacia el cielo. Cuando el niño subió a su cuarto, vió a su papá en las escaleras. 

"Papá! Que susto! Qué haces despierto?" 

"Ya sabes... cuidando que estés bien. Quieres un poco de agua?"

 "Sí." Bebió un poco y luego se fue a su cuarto. El papá le dijo: 

"Sabes? Cuando era pequeño y tenía muchas preguntas salía al mismo lugar al que has ido y me echaba en el jardín. Y me sentía bien luego de eso." 

El niño volteó a ver a su papá. 

"Sí sabía papá. Dante me lo contó." 

El papá se quedó mirándolo y le dió un abrazo de buenas noches.

 "Le voy a pedir a mamá que me haga canchita por la tarde mañana. Voy a hacerla con ella para ver como revienta el pop corn."

 "Muy bien hijito." El papá no sabía quien era Dante ni por qué quería canchita al siguiente día su hijo pero entendía perfectamente la mirada cómplice y la sonrisa del niño. A dormir.

 Afuera, en el pequeño jardín, Dante (el árbol gigante) había hecho esta noche un muy buen trabajo.