En el preciso momento en que tengas ganas de comuncar algo, búscame que siempre aparezco entre líneas. Entre estas líneas. Es fácil, solo un poco de lectura y listo. A veces es catártico. Me ha pasado no hace mucho, el darme cuenta de que mientras másreducida es la familia, más tienen todos ganas de hablar o de expresar alguna opinión y la mesa se transforma en el lugar de debate en donde no sabes a quién mirar porque todos están hablando sin respetar lo que dice el de al lado. Me llama poderosamente la atención el cambio que sufren las personas y la distancia que uno empieza a mantener por no ser de pensamientos o gustos compatibles. Pero sucede y, mientras mayor te haces, menos quieres ver o hacer en una mesa como esas que he vivido. Antes, la mesa era el lugar de aprendizaje. ahora es el lugar de debate porque lo aprendido años atrás no concuerda con lo que se expone y cada uno tiene un punto de vista distinto. Pero...desavarío.
El punto es que hay cambios. que ves, que sientes, que afectan tu manera de pensar y cómo enfrentar las cosas en el futuro próximo. Y hay cambios positivos también, de esos que hacen que el sol sea un punto de conversación positivo para todos los que estamos hablando en una mesa conjunta. El tiempo se encarga de que puedas cambiar de puntos de vista. El pensamiento y el alma muta. Se vuelve uno más paciente con los años no? No hay si no que ponerse a observar que las canas y la hinchazón del cuerpo obedecen a una evolución natural en donde el metabolismo se vuelve un poco más lento y la mente un poco mas contemplativa. Y aún así puedes ser feliz.
Algo de lo parendido es saber cuidar cuerpo y alma. Nada fácil por ninguno de los extremos. Dejarse llevar por el impulso antes que la razón, en ambos casos, puede tener consecuencias nefastas. Cuida tus dientes lavádotelos cada día pero también cuida tu boca de palabras dichas que no se borrarán. El efecto del aire y de que las palabras se las lleva el viento no siempre es cierto. Vive y asume las consecuencias de tus actos y tus palabras. Aprende de eso, no mires atrás y camina. Hay quienes perdonarán. Hay quienes no. El peso de la irresponsabilidad en tus actos es solo tuyo. Cárgalo porque tú lo creaste y no te quejes. Aprende de él y no vuelvas a hacer la mochila más pesada de lo que ya es. Al final, con el tiempo caminando a tu lado y enseñándote nuevas vivencias ni siquiera notarás lo pesada que es la mochila. O te vuelves más fuerte por el peso que estás cargando. La cosa es que se debe seguir caminando.
Así que ven a contarme un poco de o que te ha sucedido en estos años. De hecho debemos tener cosas en común, total, todos somos seres humanos. Que se murió mi perro, que no prende el auto, que llegué tarde a tu fiesta...pero aquí estoy con ganas de escuchar aquello que has guardado por un tiempo y recién estás listo para contarlo. Que bueno estar aquí.
- Imagen de revista Moi CDMX

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