sábado, 11 de abril de 2026

Caminar y no correr.

 

En estos días, cuando me miro al espejo, puedo notar claramente como la estructura ósea ha cambiado, ha mutado. La piel anexa a ella también. Pero no es un cambio como el que se observaba cuando era adolescente y el cutis se distraía alegremente con erupciones rojas y blancas; los cambios de ahora dan cuenta de pelos en las cejas que hay que cortar frecuentemente, de ojos más caídos y la pérdida de vista gradual. Manos mas arrugadas y una barriga mas prominente que ni una buena caminata larga puede bajar. El tiempo empieza a pasar rápidamente mientras el metabolismo empieza a terner una lenta función producto de la falta de movimiento. Esto es lo que se siente ser un poco mayor.

Y no está mal; eres mas propenso a cuidarte un poco y tienes profundo sueño a horas adecuadas. Haces notas mentales diarias para no olvidar nada a la hora de salir y meditas alguna que otra desición con mayor profundidad antes de saltar al vacío. O sea maduras. Ya. Pero mientras mas comprendes que las cosas tienen una particular forma de manifestarse y ya no tienes la energía o fuerza para seguir discutiendo de cosas que no llevan a buen puerto, el cuerpo sigue cambiando. Y te pone alerta. No son las canas. Es el entendimiento, la madurez, la paciencia que nace cuando nunca se había manifestado antes. Las ganas de estar en un lugar en donde sientes paz. 

El día a día tiene mas sentido y valor. El orden reemplaza el caos un poco, y la responsabilidad se incrementa en un 50%. Todavía existe un atisbo de la persona que diste a conocer por mas de cuarenta años pero hay ciertas cosas que han cambiado, y no solo son físicas aquellas manifestaciones. Es una manera de pensar, de sentir y de vivir diferente, acorde a tu edad y a las situaciones vividas. Y son buenas, son positivas, te enseñan, creces y aprendes. Empecé a abrir libros cerrados y a leerlos. Los disfruté mucho y no me arrepiento. Los compré para leerlos y que hagan su trabajo de inocular dopamina al torrente sanguíneo, al cerebro. Dejé que las plantas crezcan un poco y que tomen su lugar en el mundo. Aprendí que una buena comida es irremplazable y da alegría y aprendí a caminar largos trechos solo. Aún sin bastón, así que a aprovechar aquella salud que aún me acompaña según dice el doctor. 

Hay un nuevo capítulo en esta etapa que recién forma y toma su curso y ya no corro hacia él. Camino un poco más despacio para no tropezar porque no quiero llegar primero. Quiero llegar bien. Ver a todos a mi alrededor felices y sanos es un regalo que recién empiezo a observar y agradecer. La importancia del tiempo aquí es la que le das dependiendo de la posición y circunstancia en la que hayas nacido.

 El otro día mi hijo me preguntó si éramos millonarios. Y le dije que sí.

No me creyó.

Pero hoy, con toda esta salud y alegría, sé que tengo razón.


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