De repente entró ella. O interrumpió el hilo de pensamientos que me daba la rutina diaria...lo cortó. Sin decir nada se aproximó a caja y pidió un café. Su voz era un sueño, medio ronca pero de un grande espectro (me lo decía mi fina audición) y me dió una vergúenza inmensa cuando me miró y se dió cuenta de que la estaba mirando. Decidí bajar la vista y tratar de sentarme en cualquier lugar. No hubo sugerencia alguna por parte de Javier, el dueño, porque el local estaba abarrotado pero vió dos sillas cerca a la barra y me señaló el nuevo sitio de hoy con una sonrisa de oreja a oreja porque se había dado perfectamente cuenta de que yo, a esa chica, la miré diferente. Sonreí y me fuí a sentar.
Saqué la vieja computadora llena de stickers antiguos, de publicidades extrañas e inclusive de otros países y ví que la chica se sentó al lado mío. Miró con curiosidad mi laptop y, señalando un sticker, me preguntó si había escuchado a Angine de Poitrine alguna vez y le dije que sí.
"Son fantásticos" - me dijo. Luego le dió curiosidad la colección de stickers que tenía pegada y me preguntó por otros nombres. "Qué cosa es Caifanes?"
"Es una buena banda Mexicana."
"Y Los Tipitos?" "Es una banda argentina bastante buena."
"Y The Beatles?" Por la manera en que se rió me dí cuenta que estaba jugandome una broma a lo que respondí que recién la conocía y que esperaba escucharla más para formarme una opinión pero que por lo poco que había escuchado no me gustaba para nada pero el sticker estaba bueno. Sonreí. Ella me dijo que era la banda favorita de su abuelo y que tenía varios discos de ellos. "Que bueno. En mi casa, antes que cualquier religión, entran los Beatles." Ella miró el café que se estaba enfriando un poco.
Le conté cual era mi nombre y le pregunté que hacía por estos lares. Nunca la había visto.
"Sí, me dí cuenta por como me mirabas. Pero no te pongas rojo, esa mirada la he visto muchas veces. O sea, no la tuya; pero la forma de mirarme la he percibido antes."
"De más está decir que causas un impacto muy positivo. No te conozco pero ya me alegraste el día porque lo estás haciendo diferente, fuera de la rutina."
"Tu vida es muy aburrida?" - me preguntó.
"No me sobran los hobbies, si a eso te refieres. Pero vivo tranquilo."
"Tranquilo? Uf no, a mí me gustan los conciertos y los museos. Y un buen chocolate. De esos que son negros, cero azúcar."
"Ajá. Me encanta el chocolate pero el que está lleno de azúcar, el que te lleva directo a la diabetes a los cincuenta...ése."
"Ah...y ya tienes diabetes?"
"No. Tomo 3 vasos de agua por cada pedazo de chocolate que me como."
"Entiendo....por eso estás inflado? Por toda el agua que te tomas?" - sonrió.
"He querido salir a trotar pero es aburrido ir a hacerlo solo, sabes?"
"Mira, te doy el telefono de una amiga que hace footing y todo eso. A ver si te animas."
Me cortó el habla. No sabía que decir. Pero apunté el telefono por si acaso. Tal vez, me dije, llame algún día.
No sé por qué, pero de repente me sentí bastante cómodo y empecé a respirar mas aliviado, como si la conociera de hace mucho. Apoyé mi cabeza sobre el brazo y la miré despacio. Tenía una mirada intensa y subió una ceja para hacerme notar que quería saber quá pasaba por mi mente. No dije nada, el silencio es un arma muy poderosa que nunca utilicé y tal vez era el momento preciso.Ví como se relajaba y que no le incomodaba en absoluto que la mire así que me atreví a preguntarle:
"No me has dicho tu nombre. Yo ya te dije el mío."
"Por qué no lo adivinas?" -sorbió sonriendo de su café.
"Ok. Sí. Tienes cara de...de...."
"De qué?"
"De... Flugenhausen."
"Casi. Me llamo Antonia."
"Ah, letras mas letras menos..." Los dos reimos despacio.
"Al fin tiene nombre esa cara tuya. Aunque debo decir que Flugenhausen causa una mayor impresión si la dices con acento alemán, no sé, como que sí funciona..."
Se paró luego del café. se dirigíó a la puerta y volvió solo un momento para decirme que tenía que trabajar y y se iba..."Pero, Pipo...espero llames al número que te he dado. Quién sabe quién conteste. Pero podría ser una instructora de footing. A lo mejor le atinas...como a mi nombre."
Mientras se alejaba le dije: "Flugenhausen? Ven mañana si puedes. Y el día siguiente. Y el día siguiente. Tal vez así podamos hablar un poquito más y no me vuelvas a llamar Pipo, porque ése no es mi nombre."
"Ok Pipo. Mañana entonces. Trae un buen chocolate, de esos que no te dan diabetes. Y ahora me voy porque quiero ver si Caifanes es tan bueno como dices. Adiós."
Lo que no sabe Flugenhausen es que, mañana llegaré antes que hoy par reservar un mejor sitio y tendré el mejor dark chocolate para ver si le puedo sacar otra sonrisa.

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