miércoles, 22 de febrero de 2012

Entre Fritz y Dumas no hay tanta diferencia...


Erasmo de Rotterdam, después de publicar Elogio a la locura le escribía a Martín Dorpio en 1515 de la siguiente manera:
“Y yo, en todos lo volúmenes que he publicado, donde he alabado sinceramente a tantas personas, pregunto: ¿de quién denigré jamás la fama? ¿En quién esparcí la más ligera mancha? ¿Qué pueblo, qué orden, que individuo taché por su propio nombre? Y si supieras, mi querido Dorpio, cuántas veces fui provocado a hacerlo con ultrajes que nadie toleraría! No obstante, siempre vencí mi íntimo resentimiento, y pesó más en mí el juicio que la posteridad se formaría de nosotros, que lo que merecía su maldad.” Referìase Erasmo en este caso a San Jerónimo quien viò con malos ojos las prédicas de Joviniano cuando, abandonando el convento de Milán, empezó a predicar que Dios veía con buenos ojos tanto el matrimonio como el celibato.
Juicio. Posteridad. Objetividad. Esto fue escrito hace casi 500 años. Y que pasó? Cuándo perdimos todo?
Febrero 2011: Los noticieros, con la excusa de poderte defender de algún escándalo, instigan alguna trifulca entre los agraviados para hacer noticia. A mi entender eso es manipulación. Los diarios dejan leer en sus titulares párrafos de comedia, de luces que intrigan hoy para desvanecerse mañana, que obligan a sus escritores a sazonar la verdad perdiendo todo sentimiento objetivo (práctica empleada en casi todos los diarios peruanos.) “Si eres de derecha escribe con la derecha y si eres de izquierda escribe con la izquierda” parecen decir. O sea, la objetividad, ese preciado instrumento que hace que el lector, radioescucha o televidente saque sus propias conclusiones parece dejar de existir. Ultra derecha, Ultra izquierda, Ultra-jado el sentimiento de poder elegir.
Nuestra función como seres humanos es la de investigar para poder saciar nuestra sed de conocimiento. Saber que las fuentes son fidedignas y coherentes. Aprender a leer entre líneas la tendencia del escritor nos sirve para tomar la decisiòn de seguir prestando atención al artículo o simplemente descartarlo al no ser objetivo. Si queremos imaginación es suficiente con sentarse a leer a Verne, Grisham, Rowling, Dumas o Dickens. Y, a veces, siento que cuando vemos las noticias o leemos periódicos las historias relatadas son tan ficticias como la mejor (o peor) de las novelas de Iván Thays.

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